Decadencia, odio, pérdida de la esperanza y de la ilusión no pueden ser el escenario de la modernidad, pero lo son
Florestán
Decadencia, odio, pérdida de la esperanza y de la ilusión no pueden ser el escenario de la modernidad, pero lo son
Florestán
Difícil imaginar una respuesta menos diplomática que la escogida por la presidenta Sheinbaum ante las amenazas de su inminente homólogo, Donald Trump.
Ayer aventuré que “más pronto que tarde” se conocerían las artimañas de los poderes Ejecutivo y Legislativo para multiplicar el número de aspirantes a jueces, magistrados y ministros durante el fin de semana y ¡chin!: algo se sabe ya con la llamada que le fue interceptada a una diputada de Morena en Michoacán:
Se vació el infierno, ahora los demonios operan en el Congreso
Florestán
Recobro de esta misma columna, en una edición de hace quince años, años (24/6/2011), unos aforismos sobre política que quizá no hayan perdido pertinencia, y que quizá nos recuerden algo de lo que vemos, con desnudez inigualable, cada día:
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Hay que estar un poco loco para querer gobernar a otros.
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Más pronto que tarde se conocerán las artimañas de los poderes Ejecutivo y Legislativo para multiplicar durante el fin de semana el número de aspirantes a jueces, magistrados y ministros. Muchos más que los inscritos en el Poder Judicial, único en que se prevén exámenes de competencia.
Tres académicos de la universidad de Pennsylvania, Eric C. Orts, Evan C. Thompson y Jeffrey Green, se dieron a la tarea de leer a Donald Trump en clave del tirano descrito por Platón en La República.
Reconocer de dónde vienes te ayuda a llegar adonde quieres llegar
Florestán
Una de las más enfermizas aversiones de Andrés Manuel López Obrador fue, y es, la de la transparencia: que se supiera lo que hacía, cómo y cuánto costaba.